O buenos o malos
Pregúntale a alguien a quién admira. De su respuesta puedes aprender cien veces más de esa persona que manteniendo una larga y tediosa conversación con ella.
Hay una frase muy buena de Maruja Torres que dice algo así como "cuanta más gente conozco mejor me caen los Corleone". Yo tengo esa sensación casi a diario. Me viene sucediendo desde hace más de dos años. Es una sensación fascinante.
En cierto sentido, a veces tengo la impresión de vivir en un constante "dejavú", que me hace capaz de terminar los discursos ajenos como si fueran los míos propios. Las personas somos muy predecibles. Y ser demasiado predecible lleva inevitablemente a la simplicidad. A la reiteración. Por eso, a menudo, cuando conozco a alguien siempre le digo aquello de "me parece conocerte de siempre, de toda la vida" y mi receptor en cuestión se siente halagado. Figúrense. Es como tener los ojos clavados en una enorme pantalla que repite siempre la misma escena, la misma secuencia.
En realidad, creo que las personas hemos perdido casi totalmente el deber que tenemos de ser nosotros mismos. La naturalidad, en todos sus ámbitos, está infravalorada. ¿Quién de nosotros no hace esto o deja de hacer lo otro porque es lo que se hace o se deja de hacer? Es más fácil y cuesta menos.
Sin embargo, a mi me sucede y debería avergonzarme por ello el hecho de que ser yo misma me resulta muy costoso. Requiere demasiado esfuerzo. Lleva demasiado tiempo. Y además, te tienes que estar justificando a cada rato. Y me avergüenzo sí, pero me da la sensación de que ser uno mismo hasta las últimas consecuencias es exponerse a ser tachado de "raro", "diferente".
Cuando era una adolescente, todo lo calificado de "raro" o "diferente" estaba censurado en mi vocabulario. Tenía pánico a ser vista como tal. Y lo tenía porque era consciente de que siempre he sido una persona muy distinta al resto de personas de mi misma edad, en mi misma situación (sea cual sea), en mi mismo lugar y con mi misma suerte.
Hoy me gustar pensar que, a pesar de que luché contra aquel carácter y aquella forma de ser y pensar, no conseguí ganar. Afortunadamente.
Después creces y vas encontrando por aquí o por allá a personas iguales a ti y diferentes de aquellos otros a los que un día quisiste parecerte y que ahora te sientes principalmente aliviada de no haberlo conseguido.
Pocas personas se atreven a "ser", porque es más cómodo "parecer". Luego están los que prefieren la imagen que nos hacemos de ellos antes de lo que verdaderamente son. Porque es más cómodo no dar explicaciones.
Pocas personas se atreven a elegir entre el "ser" y el "parecer". A lo sumo elegirán a ratos "ser" y a ratos "parecer". Pero no querer elegir es vivir como un animal salvaje en medio de una jungla humana.
El deber de ser uno mismo, decía yo antes. Cada día estoy más convencida de que es este deber lo que nos lleva a ser verdaderos seres humanos, más allá de estúpidas calificaciones de "buenos" y "malos".



